sábado, 10 de agosto de 2013

Bajo los efectos.

Te clavé en el pecho
unos peces
que no temieron escurrirse por tu boca
cuando para mi las palabras fuesen.
Me acometieron de tal manera, entonces,
feroces
y en cada luna cubierta de gris mi alma, ahora,
tose.

Te clavé en el estómago
unas larvas
que no temieron evolucionar, en ti, con alas
cuando de querer se tratara.
Me acometieron de tal manera, entonces,
fugaces
y en cada destello pavimentado de humo mi alma, ahora,
divaga.

Te clavé en las sienes
unos fantasmas
que no temieron escalar hasta tus cuencas
cuando para mi la certeza cesara.
Me acometieron de tal manera, entonces,
audaces
y en cada estadía alucinógena de tantas quemadas mi alma, ahora,
florece.

Te clavé en la columna
unas serpientes
que no temieron desviar tus pasos cuando avanzar hasta aquí tuvieses.
Me acometieron de tal manera, entonces,
hirientes
y en cada anochecer violento mi alma, ahora,
palidece.

Te clavé en la garganta
unas melodías
que no temieron ahogarte enseguida las pupilas
cuando para mi la suerte se moría.
Me acometieron de tal manera, entonces,
violentas
y en cada cabeceo inconsciente mi alma, ahora,
se alerta.

Nos clavamos, querida, tantos engaños, balbuceos y mentiras
que no temieron ahorcarnos con los mismos hilos de nuestra saliva
cuando de enamorarnos se tratara.
Nos acometieron entonces, mortales
y en cada acercamiento inertico
nuestras almas, ahora,
nos repelen.

No hay comentarios:

Publicar un comentario