como de tiempo en tiempo
viene a mi esto de querer tener
lo que tuve ya, lo que fue y ya era, lo que quizás no tuve pero pude
como de tiempo en tiempo
vino a mi esto de querer ya verte
de nuevo y sobre todo, de nuevo y sobre éste
cuerpo etéreo que me confinaron cuando vine a este planeta
como de tiempo en tiempo
cae lo que siento y lo que ya olvidé no se queda muerto, yace en la más plena latencia de todos los recuerdos
no entiendo la vida, no entiendo el sentido, no entiendo a la gente
sólo tengo esto, lo que está presente, estas agonías de querer tenerte
sube y tal cual nervios
y atribulaciones
las cabilaciones de no poder serte
yo tan necesaria
yo tan sorprendente
nueva y casi cálida
para volver a enamorarte
sé, tal vez no rima
y ha perdido un tanto el sentido
y es que mi cerebro colapsa de a poco si no puedo encontrarte
si no puedo buscarte si quiera
en otros lugares, en otras personas, en otras miradas
que parecen inertes
te amo y vivo
te amo y muero
te amo y es un sentimiento casi cataléptico de necesitarte
de querer tomarte y partir fuera de este planeta vacío
vacío de estar contigo
vacío de realidad y un tanto de fantasía
prefiero vivir en mi mente más que un día
en donde todo parezca de a poco perfecto
y de a poco voluble en este inmenso universo
de ti y de mí
te voy a encontrar sin querer buscar
y así seguirás siendo tan fácil de amar, como siempre.
Va llegar el momento en que te diga todo
y tu digas "ven", y yo sólo me quede.
"Justo que pensaba en vos nena, caí muerto".
sábado, 25 de octubre de 2014
jueves, 29 de agosto de 2013
Con ojo de ciego.
Tenemos miedo de taparles la boca con certezas
que la inmadurez consciente arraiga a gritos en nuestra lengua,
de tejer nuestros gritos en las calles
que ondean al calor su pavimento.
Tenemos miedo de las ventanas rotas
que palidecen de a poco tras los fierros,
de salir de las esquinas ya viejas
y tragarnos las censuras de otros guerreros.
Tenemos miedo de creer las fábulas
que ven salir el sol tras los inventos,
de tumbarnos con los huesos de otros seres
que armaron aquí en la vía su aposento.
Tenemos miedo de nacer sin conexiones
cerebrales que nos permitan dinero,
de no poder ser sigilosos y por tanto
no ver en la oscuridad ni a lo lejos.
Tenemos miedo de morir pero queremos
que el tiempo nos devore y no notemos.
Tenemos miedo de que nos sangren las pupilas
cuando seamos testigos de otros cuerpos,
de no poner la mejilla y dar la mano
al odiado, si de odiar no lo tenemos.
Tenemos miedo de querer amar
y de tener sexo con las caras sin velos,
de fallecer en algún lugar inmune
de viudas, de hijos, sombras y destellos.
Tenemos miedo de confiar en nuestros ojos
porque es más fácil encomendar el alma a un cuento,
de saber leer mentiras y falacias
pero aun así tragarlo, hasta morderlo.
Tenemos miedo del “señor” y sus castigos
pero no tenemos miedo de creerlos.
Tenemos miedo de nuestra razón humana,
aunque esta nos sujete la cabeza.
Tenemos miedo de pretender no tener miedo
y también tenemos miedo de tenerlo.
Tenemos miedo de taparles la boca con certezas
que la inmadurez consciente arraiga a gritos en nuestra lengua,
de tejer nuestros gritos en las calles
que ondean al calor su pavimento.
Tenemos miedo de las ventanas rotas
que palidecen de a poco tras los fierros,
de salir de las esquinas ya viejas
y tragarnos las censuras de otros guerreros.
Tenemos miedo de creer las fábulas
que ven salir el sol tras los inventos,
de tumbarnos con los huesos de otros seres
que armaron aquí en la vía su aposento.
Tenemos miedo de nacer sin conexiones
cerebrales que nos permitan dinero,
de no poder ser sigilosos y por tanto
no ver en la oscuridad ni a lo lejos.
Tenemos miedo de morir pero queremos
que el tiempo nos devore y no notemos.
Tenemos miedo de que nos sangren las pupilas
cuando seamos testigos de otros cuerpos,
de no poner la mejilla y dar la mano
al odiado, si de odiar no lo tenemos.
Tenemos miedo de querer amar
y de tener sexo con las caras sin velos,
de fallecer en algún lugar inmune
de viudas, de hijos, sombras y destellos.
Tenemos miedo de confiar en nuestros ojos
porque es más fácil encomendar el alma a un cuento,
de saber leer mentiras y falacias
pero aun así tragarlo, hasta morderlo.
Tenemos miedo del “señor” y sus castigos
pero no tenemos miedo de creerlos.
Tenemos miedo de nuestra razón humana,
aunque esta nos sujete la cabeza.
Tenemos miedo de pretender no tener miedo
y también tenemos miedo de tenerlo.
sábado, 10 de agosto de 2013
Bajo los efectos.
Te clavé en el pecho
unos peces
que no temieron escurrirse
por tu boca
cuando para mi las palabras
fuesen.
Me acometieron de tal
manera, entonces,
feroces
y en cada luna cubierta de
gris mi alma, ahora,
tose.
Te clavé en el estómago
unas larvas
que no temieron evolucionar,
en ti, con alas
cuando de querer se tratara.
Me acometieron de tal
manera, entonces,
fugaces
y en cada destello
pavimentado de humo mi alma, ahora,
divaga.
Te clavé en las sienes
unos fantasmas
que no temieron escalar
hasta tus cuencas
cuando para mi la certeza
cesara.
Me acometieron de tal
manera, entonces,
audaces
y en cada estadía
alucinógena de tantas quemadas mi alma, ahora,
florece.
Te clavé en la columna
unas serpientes
que no temieron desviar tus
pasos cuando avanzar hasta aquí tuvieses.
Me acometieron de tal
manera, entonces,
hirientes
y en cada anochecer violento
mi alma, ahora,
palidece.
Te clavé en la garganta
unas melodías
que no temieron ahogarte
enseguida las pupilas
cuando para mi la suerte se
moría.
Me acometieron de tal
manera, entonces,
violentas
y en cada cabeceo
inconsciente mi alma, ahora,
se alerta.
Nos clavamos, querida,
tantos engaños, balbuceos y mentiras
que no temieron ahorcarnos
con los mismos hilos de nuestra saliva
cuando de enamorarnos se
tratara.
Nos acometieron entonces,
mortales
y en cada acercamiento
inertico
nuestras almas, ahora,
nos repelen.
martes, 23 de julio de 2013
Por instinto.
Actinomorfa
mujer,
después de este viaje en cuatro
posiciones de orión
actinomorfa,
dejándome
inhalarte hasta el más obscuro de los gestos
actinomorfa
mujer,
pero suave
hasta
que grites, y yo, de no saber porque
te
deje sangrando.
Actinomorfa
mujer,
después de tantas revelaciones
y
secretos de nuestras manos
te
muerda y me dejes
hasta
que convulsione, y yo, de no saber porque
te
deje llorando.
Actinomorfa,
mujer,
de tu bálsamo mil sabores sepa
de
tus drogas cuantos más
te
haya robado, y yo, de no saber porque
te
mantenga húmeda.
Actinomorfa,
mujer,
de tantos roses de nuestras alícuotas
me
quede en un afelio extraño
en
la locura inertica de tanto acometerte
y
te desee en rosa hasta absolverte de tu alma, y yo, de no saber porque
te
coma el corazón.
Actinomorfa,
mujer,
en esta cenestesia tan repleta de
desgarros
me
vaya brillando en un lugar oscuro
como
las estrellas sobre tus ojos y pecas
boqueando,
y yo, de no saber porque
(con
la respiración en miles de estaciones) te deje durmiendo.
Y,
entonces
actinomorfa
con
mis desvelos marcados tan cerca de tus
pechos
la
cara hacia nuestro testigo blanco
las
muñecas prisioneras
y
tu pureza inexistente
de
tantos choques ácronos, y yo, de no saber porque
te
deje muerta.
miércoles, 3 de julio de 2013
Señorita eclesiástica.
Esa
apariencia cadavérica
mírate,
las piernas friccionándose
sacando
chispas
chispas
del puro rubor, ¿del fuego o del miedo?
abriéndote
paso
sin
pedirle permiso a las ansias
ni
a las ilusiones
ni
creencias
como
mis manos
deja
de escurrirte
mírate,
con tus labios rotos
rotos
por mis ansias
por
mis ilusiones
por
mis creencias
tanto
había puesto en mis melancolías
y
mis rezos alcohólicos
anti-madrugadas
y
te abriste
además
y más… encima
para
que te salvara
para
que te salvara de tus propias ansias
e
ilusiones y creencias
cuando
sabías que besarte era descompaginar
su
frágil concepto de “alado”
A, no entiendo
¿a
quién buscabas corromper?
¿o
imitar?
creyéndote
espacial
mírate
mira
tus ansias y luego tus ataduras
mira
tus ilusiones y tus flagelos
mira
tus creencias y tus amores
¿estás
en?
¿o
vas en retiro, exiliada?
en
ese exilio blanco
en
ese exilio casi abrupto
en
el cinismo de una entidad
que
te absuelve de todo cuanto puede
(y
puede en toda la historia de lo lejano)
¿que
te viola?
¿que
te quita el útero, los pechos y la voz?
mírate
tendida
sobre la pasividad absoluta
de
un terreno corrupto
mírate
sobre
mis charcos de humo, calipso
mírate
y luego cuestiona
tus
ansias
tus
ilusiones y creencias
para
nacer
A, mírate
mírate
y ve a un ángel sin mucho poder divino
además
de la suposición
in
vitro
visceral
mírate,
eres sintomática
y
de reflejo
mírate
y asume que no ocurrió
que
no existe ese espacio
en
la profundidad invisible enaltecida de blanco
sin
pupilas
mírate
ahí
ironizando
a quienes suplican lo certero
quítate
de las vértebras el brillo
quítate
las lamidas y los huesos
mírate
y quítate
bájate
del túmulo que te erigiste
nadie
te ve
te
vio
ni
yo
lo
reflejas
mírate
ahí
toda
agujereada
vomitando
un millón de libélulas
grises,
grises, rojas (si alguna vez lo hiciste)
mírate,
ahí
vacía,
llena de vacío
y
mírame
(con
ansias, con ilsuiones y creencias)
puedo
ser un espectro desorbitado
pero
al menos conservo mis fantasmas…
A…
| quítate mis mordidas. |
Huesos rotos.
Estos
trozos
y
estas ansias de caminatas…
que
ni siquiera son mis ansias,
que
tal vez ni son mis trozos.
Estos
trozos que llevo en la mochila,
en
los bolsillos, colmados del polvo de mil historias, en repisas,
estos
trozos que ya no pesan,
que
se anexaron a mi carne
carcomiéndome
con su líquida potencia.
Estos
trozos a los que casi les he tomado cariño
de
tanto llevarlos con odio…
en
las entrañas,
de
llevarlos como agua en la retina,
como
telarañas en el pelo.
Estos
trozos que una vez me corrompieron,
que
alguna madrugada en una ruptura de domingo me armaron
en
algún sector mental asiduo a la luna.
Estos
trozos que me deformaron
de
tanto doblarme, de a poco
y
que hoy tartamudean cuando avanzo
para
alcanzarme algunos días…
estos
trozos lloran
ahora
estos
trozos me lloran
y
yo no a ellos, porque aprendí a que me los arrancaran
porque
jamás los quise sincero y en cambio me acostumbré
me
resigné a que me estuvieran siempre robando la locura y el movimiento obvio de
la inercia.
Estos
trozos ya no tan míos (si algún día me esforcé porque pareciera)
sí,
estos trozos quebrajados,
tendidos
vagamente sobre un espejo
con
la esperanza de algún sol subterráneo.
Estos
trozos se arraigan para dejar las semillas de otros
y
en explosiones múltiples se me desprenden
como
proyectiles capaces de perforar la cabeza de unos que están estáticos,
aprisionados
por los propios trozos que les apadrinaron
como
adoptados, rogando y agradeciendo
hasta
las sienes, con la sangre…
estos
trozos botan el humo…
mientras
la muerte es el comienzo de la tierra.
Me voy a la mierda yo.
La falacia de tu cabeza agujereada
no encaja con las historias sobre esta tierra
que ha sido siempre violada.
Por delante y por detrás
viene con un puñal a quitarle
por delante y por detrás
viene con un cañón (no de los buenos) a volarle.
Tu decides en que o quien crees
si no encaja o si encaja
si quieres que encaje o no
pero si te vas vacío de falacias en tu cabeza agujereada
te tratarán de rebelde, de antisocial, de ladrón.
No tengo miedo a la anarquía
no tengo miedo a la fe
lo que quisiera aclarar es que no pertenezco a ningún
control televisado por mes.
Cae lo que encaja
y lo que no encaja se queda al revés,
donde siempre han estado las falacias se posiciona la fe.
Esa fe corrupta, esa fe explotada y abnegada,
esa fe que busca también violarte como a la tierra de
donde surgimos y a donde vamos según.
No tengo raíz ni miedo a las ventajas del ser humano,
no tengo raíz ni miedo a las ventajas del ser animal,
paro a pensar si creerme la “pescá” que venden o la que yo
tengo que encajar si o que no encajar,
para poder existir
para no poder flotar.
Con la piel arrancada
hay que pararse en la tierra que ha sido violada
y decidirse si “ser o no ser",
formar parte esta vez
de las televisación del mes.
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