jueves, 29 de agosto de 2013
sábado, 10 de agosto de 2013
Bajo los efectos.
Te clavé en el pecho
unos peces
que no temieron escurrirse
por tu boca
cuando para mi las palabras
fuesen.
Me acometieron de tal
manera, entonces,
feroces
y en cada luna cubierta de
gris mi alma, ahora,
tose.
Te clavé en el estómago
unas larvas
que no temieron evolucionar,
en ti, con alas
cuando de querer se tratara.
Me acometieron de tal
manera, entonces,
fugaces
y en cada destello
pavimentado de humo mi alma, ahora,
divaga.
Te clavé en las sienes
unos fantasmas
que no temieron escalar
hasta tus cuencas
cuando para mi la certeza
cesara.
Me acometieron de tal
manera, entonces,
audaces
y en cada estadía
alucinógena de tantas quemadas mi alma, ahora,
florece.
Te clavé en la columna
unas serpientes
que no temieron desviar tus
pasos cuando avanzar hasta aquí tuvieses.
Me acometieron de tal
manera, entonces,
hirientes
y en cada anochecer violento
mi alma, ahora,
palidece.
Te clavé en la garganta
unas melodías
que no temieron ahogarte
enseguida las pupilas
cuando para mi la suerte se
moría.
Me acometieron de tal
manera, entonces,
violentas
y en cada cabeceo
inconsciente mi alma, ahora,
se alerta.
Nos clavamos, querida,
tantos engaños, balbuceos y mentiras
que no temieron ahorcarnos
con los mismos hilos de nuestra saliva
cuando de enamorarnos se
tratara.
Nos acometieron entonces,
mortales
y en cada acercamiento
inertico
nuestras almas, ahora,
nos repelen.
martes, 23 de julio de 2013
Por instinto.
Actinomorfa
mujer,
después de este viaje en cuatro
posiciones de orión
actinomorfa,
dejándome
inhalarte hasta el más obscuro de los gestos
actinomorfa
mujer,
pero suave
hasta
que grites, y yo, de no saber porque
te
deje sangrando.
Actinomorfa
mujer,
después de tantas revelaciones
y
secretos de nuestras manos
te
muerda y me dejes
hasta
que convulsione, y yo, de no saber porque
te
deje llorando.
Actinomorfa,
mujer,
de tu bálsamo mil sabores sepa
de
tus drogas cuantos más
te
haya robado, y yo, de no saber porque
te
mantenga húmeda.
Actinomorfa,
mujer,
de tantos roses de nuestras alícuotas
me
quede en un afelio extraño
en
la locura inertica de tanto acometerte
y
te desee en rosa hasta absolverte de tu alma, y yo, de no saber porque
te
coma el corazón.
Actinomorfa,
mujer,
en esta cenestesia tan repleta de
desgarros
me
vaya brillando en un lugar oscuro
como
las estrellas sobre tus ojos y pecas
boqueando,
y yo, de no saber porque
(con
la respiración en miles de estaciones) te deje durmiendo.
Y,
entonces
actinomorfa
con
mis desvelos marcados tan cerca de tus
pechos
la
cara hacia nuestro testigo blanco
las
muñecas prisioneras
y
tu pureza inexistente
de
tantos choques ácronos, y yo, de no saber porque
te
deje muerta.
miércoles, 3 de julio de 2013
Señorita eclesiástica.
Esa
apariencia cadavérica
mírate,
las piernas friccionándose
sacando
chispas
chispas
del puro rubor, ¿del fuego o del miedo?
abriéndote
paso
sin
pedirle permiso a las ansias
ni
a las ilusiones
ni
creencias
como
mis manos
deja
de escurrirte
mírate,
con tus labios rotos
rotos
por mis ansias
por
mis ilusiones
por
mis creencias
tanto
había puesto en mis melancolías
y
mis rezos alcohólicos
anti-madrugadas
y
te abriste
además
y más… encima
para
que te salvara
para
que te salvara de tus propias ansias
e
ilusiones y creencias
cuando
sabías que besarte era descompaginar
su
frágil concepto de “alado”
A, no entiendo
¿a
quién buscabas corromper?
¿o
imitar?
creyéndote
espacial
mírate
mira
tus ansias y luego tus ataduras
mira
tus ilusiones y tus flagelos
mira
tus creencias y tus amores
¿estás
en?
¿o
vas en retiro, exiliada?
en
ese exilio blanco
en
ese exilio casi abrupto
en
el cinismo de una entidad
que
te absuelve de todo cuanto puede
(y
puede en toda la historia de lo lejano)
¿que
te viola?
¿que
te quita el útero, los pechos y la voz?
mírate
tendida
sobre la pasividad absoluta
de
un terreno corrupto
mírate
sobre
mis charcos de humo, calipso
mírate
y luego cuestiona
tus
ansias
tus
ilusiones y creencias
para
nacer
A, mírate
mírate
y ve a un ángel sin mucho poder divino
además
de la suposición
in
vitro
visceral
mírate,
eres sintomática
y
de reflejo
mírate
y asume que no ocurrió
que
no existe ese espacio
en
la profundidad invisible enaltecida de blanco
sin
pupilas
mírate
ahí
ironizando
a quienes suplican lo certero
quítate
de las vértebras el brillo
quítate
las lamidas y los huesos
mírate
y quítate
bájate
del túmulo que te erigiste
nadie
te ve
te
vio
ni
yo
lo
reflejas
mírate
ahí
toda
agujereada
vomitando
un millón de libélulas
grises,
grises, rojas (si alguna vez lo hiciste)
mírate,
ahí
vacía,
llena de vacío
y
mírame
(con
ansias, con ilsuiones y creencias)
puedo
ser un espectro desorbitado
pero
al menos conservo mis fantasmas…
A…
| quítate mis mordidas. |
Huesos rotos.
Estos
trozos
y
estas ansias de caminatas…
que
ni siquiera son mis ansias,
que
tal vez ni son mis trozos.
Estos
trozos que llevo en la mochila,
en
los bolsillos, colmados del polvo de mil historias, en repisas,
estos
trozos que ya no pesan,
que
se anexaron a mi carne
carcomiéndome
con su líquida potencia.
Estos
trozos a los que casi les he tomado cariño
de
tanto llevarlos con odio…
en
las entrañas,
de
llevarlos como agua en la retina,
como
telarañas en el pelo.
Estos
trozos que una vez me corrompieron,
que
alguna madrugada en una ruptura de domingo me armaron
en
algún sector mental asiduo a la luna.
Estos
trozos que me deformaron
de
tanto doblarme, de a poco
y
que hoy tartamudean cuando avanzo
para
alcanzarme algunos días…
estos
trozos lloran
ahora
estos
trozos me lloran
y
yo no a ellos, porque aprendí a que me los arrancaran
porque
jamás los quise sincero y en cambio me acostumbré
me
resigné a que me estuvieran siempre robando la locura y el movimiento obvio de
la inercia.
Estos
trozos ya no tan míos (si algún día me esforcé porque pareciera)
sí,
estos trozos quebrajados,
tendidos
vagamente sobre un espejo
con
la esperanza de algún sol subterráneo.
Estos
trozos se arraigan para dejar las semillas de otros
y
en explosiones múltiples se me desprenden
como
proyectiles capaces de perforar la cabeza de unos que están estáticos,
aprisionados
por los propios trozos que les apadrinaron
como
adoptados, rogando y agradeciendo
hasta
las sienes, con la sangre…
estos
trozos botan el humo…
mientras
la muerte es el comienzo de la tierra.
Me voy a la mierda yo.
La falacia de tu cabeza agujereada
no encaja con las historias sobre esta tierra
que ha sido siempre violada.
Por delante y por detrás
viene con un puñal a quitarle
por delante y por detrás
viene con un cañón (no de los buenos) a volarle.
Tu decides en que o quien crees
si no encaja o si encaja
si quieres que encaje o no
pero si te vas vacío de falacias en tu cabeza agujereada
te tratarán de rebelde, de antisocial, de ladrón.
No tengo miedo a la anarquía
no tengo miedo a la fe
lo que quisiera aclarar es que no pertenezco a ningún
control televisado por mes.
Cae lo que encaja
y lo que no encaja se queda al revés,
donde siempre han estado las falacias se posiciona la fe.
Esa fe corrupta, esa fe explotada y abnegada,
esa fe que busca también violarte como a la tierra de
donde surgimos y a donde vamos según.
No tengo raíz ni miedo a las ventajas del ser humano,
no tengo raíz ni miedo a las ventajas del ser animal,
paro a pensar si creerme la “pescá” que venden o la que yo
tengo que encajar si o que no encajar,
para poder existir
para no poder flotar.
Con la piel arrancada
hay que pararse en la tierra que ha sido violada
y decidirse si “ser o no ser",
formar parte esta vez
de las televisación del mes.
martes, 2 de julio de 2013
En los tiempos de largas estadías
Frías,
frías celdas en los ojos, frías luces rotas por espadas
de
batallas pasadas de frío, en los ojos
y
celdas para los huesos
celdas
para no quebrar espejos
en
los ojos fríos, fríos
en
los huesos
espadas,
frías
químicas
palabras
y
mentiras radioactivas con espejos en los ojos
monstruos
en celdas de humo para guardar los huesos
de
otros muertos por palabras
frías,
radioactivas, químicas
heridas
por espejos rotos
frías,
por espadas
frías
fríos
los dientes de cuchillos
dientes,
de hombres fugitivos
en
las manos la sangre con las venas
después
de correr de las celdas de monstruos y oscilaciones de ninfas
ríos,
fríos
de
atravesar nadando con zapatos
para
luego correr sobre rocas
frías,
ojos de coyotes
que
acechan los huesos, en custodia, de los monstruos
en
batallas de espadas
de
cuchillos
de
mujeres afiladas
de
trazos furtivos y cañones
de
ojos con cristal, de espejo
y
con fríos lagrimales
frías,
las celdas.
De algunas
A
la otra le tengo ganas de más
es
una estrella floja
como
la tierra
una
puta, abundante, vieja, húmeda, abierta
pero
bondadosa
entre
los febriles huesos de polvo
que
poco saben de historia
aunque
recuerdan que han vivido
turbados
muertos, perdidos en batallas fogosas.
Sus
manos son gélidas pero de dedos certeros
y
sus piernas largas
firmes
todas
mías y de otras, más
la
otra parece más sabrosa que la mía (no más dulce)
pero
ella es propia
al
menos puedo decirle te amo sin mirarle las tetas
sintiendo
esa duradera calidez
que
produce en mi boca y mis yemas, cuando quiere
la
otra, está tan sucia y resbalosa
que
excita y da arcadas
y
te arrancas la piel para abrazar a la tuya
limpia,
virgen, hermosa
pálida
de
espalda temblorosa, suave
no
viscosa, no dolorosa
no…
de arrepentirse hasta subirle la falda
y
aferrarse con garras
con
las mejillas azules, tristes, temerosa
la
otra rojas
a
la mía le digo porque es terriblemente única,
a la otra le escribo porque sé que está sola…
Green soul
En
otra vía quizás te tome la mano
tus
venas rebalsan
escapando
de mi capacidad cósmica
ahora,
permíteme morderte
tragarte,
de trozos hasta saciarme
tus
pupilas, más transparentes que el jamás
me
están incitando ya, voy a caer en uno de esos abismos que llegan al mar,
dándole la vuelta a esta tierra
no,
no está permitido llorar
esos
fuegos en lo alto y el calor de lo bajo
“invisible”
te llaman
de
dónde vienes?
la
kriptonita escapa por tus cuencas agrietadas, a veces
por
tus ojos
las
rubricas de tu piel, me están leyendo en otros idiomas, identificando e
interpretando, también
a
su vez
eso
que queda en mis dedos, entre las yemas
que
eres?
quieres
que entre, quieres entrar tu?
y
si nos turnamos?
entre
todas tus hojas debe existir eso que llaman “tiempo” en el lugar donde vinimos
a parar, para una violeta, para una violeta verdosa
electrocútame
el aliento
y
luego podrás subirte a la nave
noquéame,
con el poder de tus manos
como
los hechos previos de otras ocasiones, en otras secuencias temporales si así
tienes por costumbre
colonicemos
bésame
en un modo astral, y de nuevo
no
quiero que sea real como concibieron socialmente que era yo
vale
la pena soltarte en los sueños?
cuando
estoy soñando?
puedes
descubrirme, descascarando mi mente?
en
tus eras más turquesa, furtivas
te
cacé
y
te aprisiono entre las sábanas, que son otra galaxia
cercana
a la mía
con
la vía que conozco hoy, cuando estás
dentro
de mí, pasajera
que
no sea por mucho, que sea por jamás
también
aráñame
con la voz
yo
no gemiré tu nombre en aquel espacio reducido de ambas
o
en los que no
ni
en el centro de un verso, ni el centro de tu universo
ni
entre tus pechos, cuando se vuelvan púrpura
ni
en tu boca (a veces)
verde
en
mi diafragma crucificado
pero
quizás en los espacios vacíos plantaré una hierba que me acerque a tu
frecuencia.
En otros parámetros, Marie (oda)
Mi
más ansiada, de conceptos antisacramentales
volátil
amiga, que casi se escurre por mis redes
a
ella,
compañera
diurna a veces (más nocturna y de horas cercanas a cero, de instancias
taciturnas)
de
estancias entre anémonas catedráticas
y
atómicas luchas entre menos de diez dimensiones
a
ella,
extraña
y escasa
amiga
de aroma pragmático
casi
ineludible, a la vez
de
bufandas y yemas impregnadas
y
de ojos en tonalidades fuera del espectro (que me haces)
a
ella,
que
con nombre de señorita de elite y aristocracia
atemoriza
de verde las conversaciones estelares
ralentiza
el actuar de pasajeros
en
viajes espaciales, que ya son más que pasantías
a
ella,
de
sueño en los párpados rojos
de
lagrimales con humo
y
envolturas saborizadas de artificio
artificio
y fuego, fuego y artificio
a ella,
querida
y casi amada
plegable
y tan silenciosa
después
de mil eras en colapsos de cohetes
que
se rebaten el aire aunque asfixie
aunque
tosa
a
ella,
de
subir con un cigarro colgado a las gaviotas
de
cientos de otros puertos
varados
de risa
a
ella,
adorada
siempre (no por pulmones, sí por mis fantasmas)
que
eleva el más adyacente de los suspiros
en
inimaginables aristas temporales
a
ella,
que
se deja morder y saborear (aún con la garganta seca)
a
ella,
he
de agradecerle mis alucinaciones
en
poderíos que se elevan más allá de la naturaleza humana
guardados
en la psiquis cósmica de quienes nos vieron
a
ella,
que
no me cela de otra
sobre
la que me tiendo a exhalar la lluvia
sabiendo
aún que más me enamora,
a
ella,
que
crece bajo la sombra de tantos que hemos caído
después
de sumersiones, exorbitados
a
ella,
a
la que debo tanta astralidad
temprana
de mis extremidades y mi lengua
esa
de la que me aferré la primera vez entre almas veloces
a
ella,
le agradezco por el simposio cerebral de mis
palpitaciones y luceros.
Mi
más ansiada, de conceptos antisacramentales
volátil
amiga, que casi se escurre por mis redes
a
ella,
compañera
diurna a veces (más nocturna y de horas cercanas a cero, de instancias
taciturnas)
de
estancias entre anémonas catedráticas
y
atómicas luchas entre menos de diez dimensiones
a
ella,
extraña
y escasa
amiga
de aroma pragmático
casi
ineludible, a la vez
de
bufandas y yemas impregnadas
y
de ojos en tonalidades fuera del espectro (que me haces)
a
ella,
que
con nombre de señorita de elite y aristocracia
atemoriza
de verde las conversaciones estelares
ralentiza
el actuar de pasajeros
en
viajes espaciales, que ya son más que pasantías
a
ella,
de
sueño en los párpados rojos
de
lagrimales con humo
y
envolturas saborizadas de artificio
artificio
y fuego, fuego y artificio
a ella,
querida
y casi amada
plegable
y tan silenciosa
después
de mil eras en colapsos de cohetes
que
se rebaten el aire aunque asfixie
aunque
tosa
a
ella,
de
subir con un cigarro colgado a las gaviotas
de
cientos de otros puertos
varados
de risa
a
ella,
adorada
siempre (no por pulmones, sí por mis fantasmas)
que
eleva el más adyacente de los suspiros
en
inimaginables aristas temporales
a
ella,
que
se deja morder y saborear (aún con la garganta seca)
a
ella,
he
de agradecerle mis alucinaciones
en
poderíos que se elevan más allá de la naturaleza humana
guardados
en la psiquis cósmica de quienes nos vieron
a
ella,
que
no me cela de otra
sobre
la que me tiendo a exhalar la lluvia
sabiendo
aún que más me enamora,
a
ella,
que
crece bajo la sombra de tantos que hemos caído
después
de sumersiones, exorbitados
a
ella,
a
la que debo tanta astralidad
temprana
de mis extremidades y mi lengua
esa
de la que me aferré la primera vez entre almas veloces
a
ella,
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