A
la otra le tengo ganas de más
es
una estrella floja
como
la tierra
una
puta, abundante, vieja, húmeda, abierta
pero
bondadosa
entre
los febriles huesos de polvo
que
poco saben de historia
aunque
recuerdan que han vivido
turbados
muertos, perdidos en batallas fogosas.
Sus
manos son gélidas pero de dedos certeros
y
sus piernas largas
firmes
todas
mías y de otras, más
la
otra parece más sabrosa que la mía (no más dulce)
pero
ella es propia
al
menos puedo decirle te amo sin mirarle las tetas
sintiendo
esa duradera calidez
que
produce en mi boca y mis yemas, cuando quiere
la
otra, está tan sucia y resbalosa
que
excita y da arcadas
y
te arrancas la piel para abrazar a la tuya
limpia,
virgen, hermosa
pálida
de
espalda temblorosa, suave
no
viscosa, no dolorosa
no…
de arrepentirse hasta subirle la falda
y
aferrarse con garras
con
las mejillas azules, tristes, temerosa
la
otra rojas
a
la mía le digo porque es terriblemente única,
a la otra le escribo porque sé que está sola…

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